Idolos eran los de antes
La pequeña biografía que van a leer a continuación es sobre la vida de un atleta llamado Delfo Cabrera, que apenas si es reconocido por la prensa y, por ende, por la gente que generalmente no se siente atraída hacia el atletismo. En un intento por no dejar morir esta noble y gloriosa historia, paso a relatar los aspectos más significativos de la genial trayectoria de Cabrera.Nació el 2 de abril de 1919 en Armstrong, un pequeño pueblo de la provincia de Santa Fe ubicado a 90 kilómetros de Rosario, en una casa muy humilde sobre la calle que hoy lleva su nombre.
La muerte de su padre lo obligó desde muy joven a ser el sostén de la familia, teniendo que trabajar en muchos oficios. Durante mucho tiempo fue obrero en la construcción de la ruta 9 junto a su hermano. Al principio volvían caminando hasta su casa, pero a medida que la construcción se iba alejando del pueblo, empezaron a volver corriendo, lo que los llevó a tener una muy buena condición física.
Cuando Delfo tenía 12 años ocurrió un hecho que le marcaría el rumbo deportivo: Juan Carlos Zabala ganó el Maratón de los Juegos Olímpicos de Los Ángeles y Cabrera se prometió a si mismo y le prometió a su madre convertirse en corredor de larga distancia y repetir el título de Zabalita.
Cuando tenía trece años terminó segundo en la “Vuelta de Armstrong” (competencia de 4500 metros), a sólo 20 metros del ganador. Según confesó después, Cabrera pensaba que no sabía correr y le daba vergüenza pasar al que iba primero.
Su entrenamiento consistía en correr desde su casa hasta el cementerio, mientras que una vecina le tomaba el tiempo. También corría detrás de los sulkys, por los caminos de tierra que unían los campos cercanos a su pueblo.
El 7 de agosto de 1948 y con el número 233 en la espalda, Delfo Cabrera ganó la maratón de los Juegos Olímpicos de Londres y logró lo que alguna vez le había prometido a su madre, “ganar la medalla dorada”.
En total Delfo Cabrera corrió 210 carreras, de las cuales ganó 106, y en sólo 19 no entró en el podio.
La irresponsabilidad de un conductor le quitó la vida en la mañana del 2 de agosto de 1981 en un pueblo llamado Alberdi.
Su recuerdo y su espíritu siguen vigentes como entonces en el corazón de un pueblo que lo recuerda como a uno de los hombres que dieron brillo y prestigio al deporte nacional.
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